La historia de la joya del básquet que da espectáculo con sus volcadas y ahora llegó a la Selección

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Una de sus proezas en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018
Una de sus proezas en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018

“Al principio no me gustaba el básquet, prefería el fútbol”.

De chico, al bahiense Fausto Ruesga casi no le quedó otra que empezar con la pelota naranja. La tradición de la Capital del básquet tira y mucho. Y si encima el padre (César) fue jugador y posteriormente dirigente de Olimpo durante 21 años, no hay mucho más que explicar. Así fue que, desde muy chiquito, al flaco le pusieron una pelota en sus manos y no en los pies… A los cinco años él ya tiene recuerdos de estar tirando al aro en su casa.

“Cuando cumplí 8 ya fui al club para empezar con premini, pero no me prendía ni le encontraba la onda. Prefería quedarme con mis amigos jugando al fútbol en el barrio e incluso, a los 9, me llevaron a la escuelita del club porque mis viejos nunca me obligaron a nada. Pero no me gustó el ambiente y de a poco me fui quedando con el básquet. A los 10 ya me decidí y ya no dejé más, aunque me costó encontrar la pasión que siento hoy”, explica este alero de 1m98 y 20 años que explotó a nivel popularidad cuando ganó dos oros (con la selección de 3×3 y en el concurso de volcadas) en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Buenos Aires y en los próximos días puede ser uno de los cuatro debutantes que la Selección tenga en esta última ventana de FIBA -se disputará el 21 y 22 en Cali, Colombia, buscando la clasificación para la Americup 2022-.

-Vos no sos de los chicos que crecieron con la fiebre del básquet en Bahía, ni con los torneos Argentinos ni cuando la ciudad tuvo tres equipos de Liga Nacional. Incluso podemos decir que tampoco disfrutaste tanto de la Generación Dorada, porque cuando vos ya eras jugador, se estaba apagando la camada que marcó a tantos. ¿Cómo mamaste la pasión por el básquet? ¿La tradición de la ciudad te empujó?

-No. La verdad es que yo no encontré la pasión por el básquet en la tradición de Bahía ni en la Generación Dorada. De hecho, yo recién ahora estoy empezando a mirar más básquet. A mí, en realidad, me atrapó el juego. Me gusta jugar en cualquier lado, en el patio, en la calle, una plaza o una cancha. Y terminó de convencerme el darme cuenta, a los 14 ó 15 años, que podía ser bueno en esto. Pero no es que yo era fana de Manu (Ginóbili), Pepe (Sánchez) o el Puma (Montecchia). Hoy en día sí, me puse al día y miré todos los partidos por Youtube, algunos cinco veces, pero en ese momento no es que me atrapó verlos jugar a ellos.

-¿Y hoy qué ves y a quiénes tenés como referentes?

-Pongo lo que me aparece. Pero si debo elegir prefiero la Euroliga. Veo poca NBA, por caso. Me gusta el básquet europeo, los partidos importantes. Busco al alero de los equipos y veo qué hace y puedo copiar. Lo tomo más como una herramienta de trabajo. Y como espejo tengo uno, por lejos. Mi ídolo es el Tortu Deck. Es quien intento copiar en todo, desde su juego hasta su personalidad dentro de la cancha. Chapu (Nocioni) también, claro. Distinto a Tortu, pero dejó una huella enorme.

-Vos sos parte de una camada, la 2000, muy prometedora y fuiste el último en dar el salto a un equipo profesional. ¿Por qué te quedaste tanto en Olimpo y cómo te convencieron de pasar a Bahía Basket?

-Sí, fue así, el último de mi camada de Selección en tomar esa decisión. Pero siento que fue lo correcto, porque en Olimpo sumé la confianza y las herramientas para poder adaptarme mejor al próximo nivel. La decisión la tomé en 2018, luego de lo que pasó en los Juegos de la Juventud y en el Premundial. Me di cuenta de que necesitaba otra cosa, un nuevo desafío, para dar un salto más y me fui a Bahía Basket en 2019.

Fausto Ruesga, jugador de la selección argentina de básquet
Hoy se destaca en Bahía Basket, en la Liga Nacional. Y mira con detenimiento al Tortu Deck para aprender (CABB)

-Imagino que aquellos oros, en volcadas y con el seleccionado de 3×3; lo que se generó en aquellos días fue una explosión y un click para vos.

-Sí, tal cual. Tuvo una repercusión enorme. Imaginate que yo pasé de jugar un partido Olimpo-Napostá, en cadetes, en Bahía, a estar en el parque olímpico jugando por una medalla olímpica ante cientos de personas. Fue algo especial, una gran experiencia, el competir, que se generase eso y estar en la villa olímpica. Ahí decidí que era el momento de dar otro salto en mi carrera, buscar algo más. Todo aquello me convenció, lo mismo que lo que pasó en el Premundial. Me cambió un poco la cabeza.

-¿Y cómo fue el proceso de pasar de jugar en Olimpo, tu casa, estando cómodo y siendo la figura, a pasar a un equipo profesional, de Liga, con compañeros tan buenos como vos y muchas más exigencias?

-No fue fácil. El cambio lo noté mucho. En todos los aspectos. Fue una adaptación que me llevó de seis a ocho meses. No lo noté tanto en lo deportivo, porque sabía que siempre que das un salto, el nivel es otro, sino en los hábitos. En Olimpo yo pensaba que los tenía, pero en WBB me di cuenta que no eran suficientes para insertarme en el profesionalismo. En especial en lo referido a la alimentación y el descanso. Por caso, yo me acostaba a la 1.30 de la mañana y me levantaba a las 7 para entrenar. Me di cuenta que eso no iba más, por ejemplo.

-Imagino que Bahía Basket, con Pepe a la cabeza y con un ambiente de exigencia al profesional, te empujó a ese cambio.

-Tal cual. El mismo ambiente que se vive en la organización te lleva a cambiar. Porque todo el tiempo se está buscando la perfección. Todo está tan bien organizado, tan bien planeado, que te lleva a eso. Algunos tardan más y otros menos, pero sin dudas te obliga si querés pertenecer a la elite.

-¿Y qué me decís de Pepe (Sánchez)?

-Que es un genio. A veces se ponen ásperas las prácticas con él (se ríe), pero somos afortunados en tenerlo, tiene mucha experiencia y estoy muy agradecido de que me haya abierto las puertas de su organización.

-¿Por qué decís que las prácticas se ponen ásperas?

-Y (piensa), porque es exigente. Siempre quiere sacar siempre el 100% de nosotros. Sabe que somos un grupo joven y que a veces es difícil, porque no estamos 100% enfocados, pero siempre busca sacarnos lo máximo y ponernos la vara alta para que nosotros estemos a la altura.

-Contabas que el click lo hiciste en el 2018, tras los Juegos de la Juventud. Imagino que, desde ese momento para acá, te enfocaste en ser más que un volcador y un jugador de 3×3.

-Sí, claro. Fue el momento de ir por más, claramente. Sabía que en el dribbling no era muy bueno y que mi tiro de tres tampoco era muy eficaz. Me concentré en esas cosas y recién ahora estoy metiendo más la pelota en el piso y he mejorado el lanzamiento externo.

Fausto Ruesga se destaca en un equipo muy joven como el de Bahía, que no tiene ningún jugador con más de 21 años y posee un promedio de edad de 19.5, inédito para un conjunto profesional. El alero es una de las figuras dentro de un contexto con muchas más derrotas (25) que victorias (3): promedia 10.7 puntos, con 53% dobles y 27% triples, y 8.7 rebotes en 30 minutos. “Sentía que estaba para dar esta salto que pude confirmar. Me siento muy cómodo en el equipo, que es muy unido, dentro y fuera de la cancha. Si bien no estamos teniendo una gran temporada en resultados, con el correr de los partidos y los días estamos jugando mejor y yo me siento más cómodo, en los tiros, los rompimientos y la defensa”, analiza.

-¿Y qué mensaje baja Pepe, quien privilegia la formación sobre los resultados? ¿Es algo así como “mejoren, no importa si se pierde”?

-No, a todos nos importa perder, a nadie le gusta. Pero una cosa es perder jugando a nada y otra perder desplegando una identidad de juego, apostando a una idea. Todos sabemos las limitaciones que tenemos, de edad y físico, pero a la hora de jugar no hay excusas. Pepe nos marca el camino y nos aconseja que, en la mala, nos ajustemos a nuestro rol y no queramos solucionar las cosas a nivel individual.

-Alguien que te conoce te definió como “un trabajador nato que se entrena todo el día, tiene mentalidad ganadora y siempre quiere jugar”. ¿Es así o exageró?

-Me encanta jugar y entrenar, es verdad. Si hay un día que no entreno ya me siento raro. No se equivocó el que te dijo eso (se ríe).

Fausto Ruesga, jugador de la selección argentina de básquet
Ruesga, en su paso por Olimpo de Bahía Blanca, donde se formó

-¿Y te sorprendió la convocatoria a la preselección argentina?

-Sí, me sorprendió, no la esperaba para nada. Fue una muy linda noticia. Representar a la Selección es un orgullo y un honor absoluto.

-Ya estuviste en selecciones formativas pero la Mayor es otra cosa. ¿Cómo imaginás el momento de entrar el lunes al hotel y de estar con el resto de los convocados, aunque no estén Scola y Campazzo?

-No sé si me lo imagino. Lo seguro es que voy a tener que ir con otra seriedad, no como si fuera una concentración juvenil. Es la Mayor, lo máximo. El pico de profesionalismo, aunque no estén Luis, Facu y el resto. Es la Mayor y hay un prestigio que cuidar.

-Imagino la felicidad de estar entre los 15, pero con el deseo de viajar a Colombia estando entre los 12, ¿no?

-Sí, tal cual. Ya cuando vi la lista preliminar de 23 fue una gran noticia, la de 15 aún más y ahora ya estoy soñando con poder viajar estando entre los 12. Voy a hacer lo mejor para hacerme un huequito.

-¿Estuviste analizando la preselección, te ves con chances?

-Sí, claro. La miré y hasta saqué cuentas (se ríe), pero no me enfoco en quién está. Yo voy a hacer mi trabajo, sé lo que puedo dar y lo que no. Si alcanza, bien. Si no, esperará otro chance.

-Imagino que, aunque no hayas debutado, esta citación es un sueño cumplido. No sé si tenés otros, si sos de ponerme metas y soñar mucho…

-Sí. Me gusta soñar en grande, es mi approach en la vida. Este era un objetivo de tantos que tengo. Una de mis mayores objetivos es jugar un Mundial y un Juego Olímpico con la Mayor, lo mismo que ser un gran jugador de Euroliga. Ni hablar que el sueño, como el de cualquiera jugador, es llegar a la NBA. Hoy, como dije, no me llama la atención mirarla, pero me gustaría jugarla, claro. Como si fuera en el patio de mi casa o una plaza.

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