Qué es el etiquetado frontal y por qué es necesario que se aplique de manera urgente en Argentina

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Leer una etiqueta nutricional en Argentina es todo un desafío. La letra pequeña, casi ilegible, sumada a la confusión entre los consumidores cuando leen en el frente de un paquete frases como “rico en vitaminas”, “rico en proteínas” ó “light”, hace que la decisión por comprar un alimento no siempre sea la adecuada.

Para aclarar conceptos, que un producto sea “light” sólo significa que tiene el 30 por ciento menos de calorías que la versión “común” de ese mismo alimento. Esto, a fines nutricionales, no es lo único que debe tenerse en cuenta. El conteo de calorías es sólo una de las variables que definen a una comida. Hay que atender también la calidad nutricional de ese producto, observando los ingredientes que tiene en su lista más allá del aporte energético. Esta es sólo una de las aristas que genera confusión en los envases de los alimentos que se comercializan en nuestro país.

La poca claridad en la información nutricional que se brinda en las etiquetas de Argentina, deja en evidencia la necesidad urgente de un cambio. En distintos países del mundo, los gobiernos han regulado el marketing alimentario obligando a la industria a colocar etiquetas frontales en diferentes formatos para que el consumidor tenga más herramientas informativas a la hora de elegir un producto.

 

El rotulado nutricional vigente en envases de alimentos en Argentina, que muestra la información en una tabla de composición nutricional, es puesto en cuestión desde el Ministerio de Salud de la Nación. “La evidencia a nivel internacional ha demostrado que este tipo de rotulado no es de fácil comprensión y no cumple la función de informar a la población sobre los componentes principales de un alimento para que puedan realizar una selección más saludable de los alimentos que consumen”, dijeron desde la cartera sanitaria.

Cifras en Argentina y el mundo

La creciente epidemia de la obesidad no sólo en Argentina sino en el mundo, requiere de políticas públicas para atender la problemática. Teniendo en cuenta el número cada vez mayor de personas que padecen obesidad o sobrepeso, desde el Ministerio que dirige Ginés González García piensan en estrategias que apunten a bajar esos índices. Por eso, esta semana comenzará a debatirse en el Senado la implementación del etiquetado frontal en todos los alimentos que se comercialicen en suelo argentino.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud, cada año mueren 2,8 millones de personas por enfermedades relacionadas con el exceso de peso.

En nuestro país, las cifras están lejos de ser alentadoras. Los últimos resultados de la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR) que se conocieron en 2019, en base a datos de 2018, dejan constancia del aumento de la epidemia de la obesidad en Argentina.

Las cifras indican que el 61,6 por ciento de la población tiene exceso de peso; esto es, más de seis personas de cada 10. Desglosando el porcentaje, el 36,2 por ciento tiene sobrepeso y un 25,4 por ciento, obesidad.

Este último número es el que enciende la alarma al compararlo con la ENFR de 2005, en la que las personas con obesidad en el país alcanzaban solamente el 14,6 por ciento. En los últimos 14 años, el aumento de la epidemia fue de casi 11 puntos.

Lo mismo ocurre en los niños y adolescentes. Las estadísticas indican que cuatro de cada 10 de ellos tienen sobrepeso u obesidad. En comparación con la primera ENFR realizada en 2005, este número aumentó alrededor del 50 por ciento en menores de 5 años.

Etiquetado frontal para Argentina

Arnaldo Medina, secretario de Calidad en Salud, detalló tras una reunión mantenida en agosto con representantes de Copal (Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios), los ejes centrales que los equipos técnicos interministeriales estuvieron trabajando para la implementación del etiquetado frontal en nuestro país.

Medina adelantó entonces que “vamos por un sistema gráfico de advertencias con sodio, azúcares y grasas saturadas incluidas, la mención o declaración de edulcorantes, e iremos con un rotulado que tenga en cuenta los 100 gramos o 100 mililitros”.

El funcionario también explicó que “el etiquetado frontal de los alimentos se va a implementar por etapas, en principio con un plazo de tres años, buscando no perjudicar a la industria alimenticia y dándole el tiempo suficiente para que concrete su reconversión”.

 

“El principal objetivo de esta iniciativa es bajar la prevalencia de obesidad y sobrepeso, además de enfermedades cardiovasculares y las enfermedades no transmisibles asociadas a síndromes metabólicos”, indicó Medina, y agregó que iniciativas similares implementadas “en otros países fueron positivas en términos de cambiar los patrones alimenticios de la población y también de propiciar, a través de eso, una reconversión de la industria hacia alimentos más saludables”.

El antecedente chileno

En 2016, Chile implementó el sistema de etiquetado frontal basado en octógonos negros que advierten cuando un ingrediente considerado crítico supera las cantidades recomendadas por la Organización Mundial de la Salud. Fue el primero de Latinoamérica.

De esta forma, sacando el cálculo en base a 100 gramos de producto, en las etiquetas aparecen sellos de alerta indicando “exceso de azúcares”, “exceso de grasa”, “exceso en grasas saturadas” y “exceso de sodio”, en determinados alimentos.

 

El cordobés Guillermo Paraje, doctor en Economía por la Universidad de Cambridge, Reino Unido, y experto en economía de la salud, vive en Chile y fue parte del proceso de implementación del sistema en aquel país. En comunicación con La Voz, Paraje defendió el etiquetado frontal chileno. Desde su punto de vista, aseguró que es el modelo que deberían seguir todos los países.

“Se implementó el etiquetado con la idea de que las empresas, en la medida de lo posible, cambien sus fórmulas y conviertan a sus productos en más saludables. Esto, con el objetivo de que les quitaran los sellos negros ya que en muchos casos repercutía de forma negativa en sus ventas”, explicó Paraje.

El experto en salud aseguró que en el caso de Chile, muchas empresas cambiaron las composiciones de sus alimentos tras la implementación de la ley. “En los rubros que eran inicialmente percibidos como menos saludables, como chocolates y galletas, la caída en las ventas fue menor y algunos dicen que no hubo caída. Mientras que en los que eran percibidos como más sanos, como los lácteos y cereales, el impacto en la baja de ventas fue más fuerte porque la gente no los tenía como no saludables”, contó.

Debate en la Cámara de Senadores

Esta semana comenzará a debatirse en la Cámara de Senadores de la Nación un proyecto de ley sobre el etiquetado de envases para consumo humano y que fija las pautas para una alimentación saludable. El mismo fue redactado en base a varias propuestas presentadas por legisladores del oficialismo y de la oposición.

La iniciativa recoge los principales puntos de expedientes presentados desde principios de año por las oficialistas Anabel Fernández Sagasti y Silvia Sapag y por los opositores Gladys González y Julio Cobos.

El objetivo de la iniciativa es “garantizar el derecho a la salud y a una alimentación adecuada a través de la promoción de una alimentación saludable”; advertir a los consumidores sobre “los excesos de componentes como azúcar, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías”; y promover la “prevención de la malnutrición en la población”.

El proyecto de ley establece que los productos comestibles deben llevar un etiquetado en la cara principal del envase: un “sello de advertencia” para informar al consumidor del agregado de sodio, azúcares o grasas en “contenido crítico”.

 

En caso de contener edulcorantes, el envase contendrá una leyenda precautoria inmediatamente por debajo de los sellos de advertencia con la leyenda: “Contiene edulcorantes, no recomendable en niños/as”.

Dichos sellos tendrán forma de “octógonos de color negro con borde y letras de color blanco en mayúsculas”. En cuanto a su tamaño, “no será nunca inferior al cinco por ciento de la superficie de la cara principal del envase” y “no podrá estar cubierto” por ninguna otra etiqueta.

En cuanto a los valores máximos de calorías, azúcares totales, grasas saturadas y sodio en los productos “deben cumplir los límites del Perfil de Nutrientes de la Organización Panamericana de la Salud”.

Los fabricantes o fraccionadores de alimentos tendrán la obligación de “declarar el contenido cuantitativo de azúcares totales en el rotulado nutricional”.

Por otra parte, los productos envasados que superen los límites de calorías, azúcares, grasas o sodio “no podrán incorporar en sus envases información nutricional complementaria en relación al nutriente crítico elevado”.

Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica.
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (AP)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica.
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)
Etiquetado frontal. Los octógonos ya se implementaron en varios países de Latinoamérica. (La Voz)

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