Cofundador de Extinction Rebellion: Falta coraje climático “transgresor”

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Roger Hallam. EFE/EPA/EVERT ELZINGA/ Archivo
Roger Hallam. EFE/EPA/EVERT ELZINGA/ Archivo (EVERT ELZINGA/)

Madrid, 25 ago (EFE).- Tras casi 20 veces en la cárcel en 4 años por desobediencia civil, el activista británico Roger Hallam, cofundador de Extinction Rebellion, denuncia en una entrevista con Efe horas antes de ser de nuevo arrestado que falta coraje transgresor frente al “genocidio” mundial que causará la crisis climática.
El activista y granjero ecológico detenido una vez más ayer, por violar condiciones de libertad condicional, continúa en prisión este martes en el que el movimiento medioambiental Extinction Rebellion prevé estrenar el documental “El alborotador” (The Troublemaker), en donde se pide valentía ciudadana en sus acciones frente a la emergencia climática para el cese inmediato de emisiones de CO2 a la atmósfera.
Relativamente joven este movimiento social, que empezó su andadura en el Reino Unido en 2018, Extinction Rebellion cuenta ya con gran número de activistas por casi todo el mundo, que protagonizan acciones frecuentes muy llamativas en defensa del medio ambiente, como pintadas, obstrucciones lúdicas del trafico y otras actuaciones reivindicativas, siempre bajo el lema de la no violencia.
Se necesitan acciones transgresoras de la gente, “con coraje, fuera de la ley”, propone Hallam, frente a la generalizada inacción de los Estados que no protegen al ciudadano, “ni la supervivencia de las generaciones futuras”.
“Todos moriremos pronto si no dejamos de emitir carbono a la atmósfera en los niveles que lo estamos haciendo”, advierte, y ese es precisamente el mensaje de la producción lanzada hoy a nivel mundial en internet por Extinction Rebellion, con subtítulos en varios idiomas, también en español.
Cuando el llamado “contrato social” con el Estado se rompe y este deja de proteger a la sociedad y se involucra en actividades que distorsionan la supervivencia y conllevan la muerte de próximas generaciones su proyecto se convierte en algo “patológicamente criminal” y los ciudadanos tienen el derecho y “sobre todo el deber de rebelarse y saltarse la ley para protestar”.
Para la defensa del planeta, no es tiempo de concienciación, ni de análisis, ni de predicciones, sino de compromisos reales, dice Hallam, quien no se plantea qué efecto podría tener o no la crisis sanitaria del coronavirus u otras eventualidades en la lucha climática, porque el tiempo de pensamientos sociológicos está agotado, y ahora toca actuar.
De forma ilustrativa, explica que si el hogar de uno mismo “está en llamas”, la solución no pasa por reflexionar con los vecinos, ni plantearse las posibles consecuencias del incendio, sino que lo que se hace “es tirar la puerta abajo para entrar rápido y subir a toda velocidad las escaleras” para intentar rescatar a los hijos “por si aún estuvieran vivos”.
Advierte del “acto de genocidio contra las próximas generaciones” que supondrá cualquier planteamiento de los Estados que no garantice una reducción a cero de las emisiones de dióxido de carbono en los próximos meses o años.
“Es responsabilidad de cada uno de nosotros rebelarnos contra los Estados que no protegen a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestras comunidades”, subraya el activista.
Considera fundamental, aunque no suficiente, la aparición de figuras como la joven sueca Greta Thunberg, quien irrumpió por su cuenta, también hace un par de años, en la escena pública, con sentadas frente al parlamento de su país para protestar por la inacción climática de su gobierno, que han inspirado a miles de jóvenes de todo el mundo a seguir su ejemplo.
“No bastan las buenas palabras, ni los gestos, que no son ya creíbles”, subraya el activista, para quien la única vía frente a la emergencia climática es “la resistencia civil” con la que mostrar al mundo el sufrimiento humano que emana de la crisis climática e inspirar a otros a unirse a la acción por el planeta.
Y es contundente con su mensaje: no vale enredarse en pensamientos analíticos, ni sociales, sino actuar de inmediato de acuerdo al instinto de supervivencia, de las emociones más profundas a la hora de reaccionar frente a una previsible “extinción humana”, como se ha hecho tradicionalmente frente a las situaciones de emergencia a lo largo de la historia.
Amaya Quincoces Riesco