El crudo relato de una argentina que sobrevivió a la explosión en Beirut: “Pensé que me había muerto”

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Ivana Villada, la argentina que estuvo en Beirut durante la explosión – #Entrevista (Infobae)

El martes 4 de agosto a las cinco y media de la tarde, Ivana Villada (38) se conectó a un zoom desde su celular. Del otro lado de la pantalla, a miles de kilómetros de distancia, un grupo de alumnas pertenecientes a un estudio de danza de Salta, Argentina, aguardaba el comienzo de una clase online. “Hicimos cuatro movimientos y, de repente, empecé a ver un humo raro”, cuenta Ivana a Infobae.

A pocos metros de ella, en la terraza de su casa ubicada en el barrio Geitawi, Solène -su pareja desde hace casi dos años- comenzó a filmar la secuencia. “Entonces le hago señas como diciendo: ‘Qué pasa’. Y me dice: ‘No sé‘”, repasa Ivana.

Lo que siguió después, el estallido de un depósito repleto de “materiales de alto poder explosivo” ubicado en la zona portuaria de la capital libanesa, la vio el mundo entero. Ivana, en cambio, la vivió: ella estaba a pocas cuadras de donde se produjo la detonación. “Pensé que me había muerto. Estaba segura de que mi compañera se había muerto. Estaba segura de que nos habíamos muerto todos”, sostiene a quince días de la catástrofe, que dejó más de un centenar de muertos y miles de heridos.

ivana villada
Así quedó la casa de Ivana y su compañera Solène después de la explosión. Ubicada en el barrio Geitawi, estaba a muy pocas cuadras del puerto de Beirut.

Ivana Villada nació en Salta, Argentina. Bailarina del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, desde muy joven supo que quería perfilar su carrera artística hacia el extranjero. En 2004, después de una intensa búsqueda, recibió una oferta de trabajo de una compañía libanesa. “Pensé: ‘Voy a probar suerte a El Líbano. Como está cerca de Europa, eventualmente, podré juntar unos manguitos para ir a audicionar allá’. Fui y me quedé cuatro años”, cuenta Villada.

Durante ese período, a pesar de las giras y la vorágine de los shows, Ivana comenzó a familiarizarse con la cultura libanesa que, en un punto, no le era tan lejana. “Mis bisabuelos eran libaneses. Vivieron allí hasta el 1900 y luego emigraron a la Argentina”, cuenta.

En 2006, cuando todavía se estaba adaptando a su nueva vida, a hablar en inglés fluido con sus compañeros rusos, bielorrusos, ucranianos, argelinos y sirios; la sorprendió la guerra. Fue horrible. Eran las cinco de la mañana y empezamos a ver aviones y misiles que no sabíamos dónde iban a caer. Tres días después, la embajada Argentina logró sacarme de ahí. Volví un mes después, cuando terminó la guerra, y me quedé hasta 2008”, cuenta.

Siete años más tarde (luego de volver a la Argentina y trabajar para el Ballet de Salta y el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín) Ivana regresó al Líbano en 2015. “Aunque estuve alejada, siempre mantuve un lazo: un poco por mi profesión y otro poco porque en esos primeros cuatro años me hice muchos amigos”, dice. Finalmente, en 2017 recibió una propuesta fuerte de trabajo y se instaló en Beirut, donde vivió hasta el pasado lunes 10 de agosto.

IVANA VILLADA - Argentina en Beirut
Una semana antes de la detonación Ivana se fue a pasar unos días al Valle de La Bekaa, una zona de viñedos situada unos 30 kilómetros al este de la capital libanesa. De haberse quedado ahí, se hubiera salvado de la explosión (@ivanavillada)

La semana previa a la explosión, cuenta Ivana, el país había tenido un “mini confinamiento de cuatro días” para evitar que aumentaran los casos de COVID-19. En ese contexto, ella y su compañera Solène, se fueron a pasar unos días al Valle de La Bekaa, una zona de viñedos situada unos 30 kilómetros al este de la capital libanesa.

“Regresé a Beirut para dar clases de danza y, además, porque habíamos contratado una compañía de fletes que tenía que llevarse nuestras cosas en barco para Francia”, explica acerca de su decisión de dejar el país que, en un principio, iba a ser solo por un tiempo.

Con las valijas y las cajas en la puerta de su domicilio, Ivana sacó una foto y se la mandó a su familia y a sus amigos. Luego se conectó a un zoom con la intención de dar una clase pero, mientras saludaba a sus alumnas, se distrajo con el humo que provenía de afuera.

A los pocos minutos, dice, sintió temblar la tierra. No tuvo mucho tiempo para pensar: su instinto de supervivencia la llevó a refugiarse en la habitación más lejana ubicada al fondo de la casa. “Me apoyé contra el suelo y ahí escuché una explosión. Nunca, nunca en la vida viví una cosa parecida. Después vino la onda expansiva y se llevó todo por delante. Lo primero que pensé fue: ‘Qué injusto morirse así‘”, cuenta Ivana.

ivana villada
Antes y después de la explosión. Ivana tenía todo embalado para llevar a Francia. Tras la explosión su casa se desarmó y las valijas volaron por los aires

Cuando logró ponerse de pie, Ivana miró por la ventana. Dice que no pudo distinguir el cielo de la tierra: “Era todo blanco”. Entre los gritos, el sonido de las ambulancias y de los celulares, escuchó a su compañera que gritaba: “¿Dónde estás, dónde estás?”. Con la clase de zoom todavía funcionando, la salteña se despidió como pudo de sus alumnas y salió de su casa descalza, con terror a que se le viniera el edificio encima.

En la calle, cuenta, creyó que estaba protagonizando una película de terror. “Todos estábamos ensangrentados, los vecinos con los niños muertos en brazos, los ancianos, los perros y los gatos que se habían escapado. No sabíamos si eso iba a seguir explotando o si era el principio de una serie de ataques. No había forma de comprender lo que había pasado”, explica.

Ivana y su compañera caminaron un kilómetro hasta el hospital más cercano. Al llegar, se dieron cuenta de que habían salido sin tapabocas y tuvieron miedo de haberse expuesto al coronavirus. Por suerte, en la clínica la atendieron enseguida, “con mucha amabilidad, rápida y gratuitamente”. “No tuve heridas superficiales, pero me di un golpe y la onda expansiva me pegó tan fuerte que, durante los sucesivos días, aparte de los ataques de pánico tenía miedo de dormirme por si tenía una herida interna”, sostiene.

Esa noche la pasaron en la casa de unos amigos que vivían más alejados de la zona. Al día siguiente, cuenta, volvieron a su barrio. “Fuimos a dar una mano, a levantar escombros, a buscar gente, animales. También teníamos que buscar nuestros documentos y pasaportes, que habían quedado sepultados bajo la casa”, dice.

IVANA VILLADA - Argentina en Beirut
Al día siguiente, Ivana y Solène volvieron a su casa a buscar los documentos y los pasaportes para poder irse a Francia. La onda expansiva había hecho estragos el lugar: los vidrios rotos, las puertas y las ventanas salidas (@ivanavillada)

Ivana cuenta que se conmovió con la solidaridad de la gente. “En El Líbano todos han perdido un amigo, un hermano, un tío o un padre durante las sucesivas guerras o atentados e igual salieron a ayudar. Estábamos todos juntos ahí, tratando de procesar lo que nos pasaba porque fue un trauma colectivo”.

Acerca de la detonación, la joven de 38 años sostiene que es como si hubiese explotado un depósito en Puerto Madero, justo entre Plaza de Mayo y San Telmo. “El puerto de Beirut es el puerto más importante. Esto no fue un accidente”, afirma. Según ella, desde el año pasado, El Líbano atraviesa una profunda crisis económica y social.

Quien pone en contexto, en diálogo con Infobae, es Paulo Botta, director del programa de Medio Oriente en la universidad Católica (UCA). “En cualquier país, todos los problemas de seguridad, desde un atentado hasta una ola de asaltos, derivan de la falta de un Estado fuerte. El Líbano tiene un Estado débil. Solo por dar un ejemplo: el ejército libanés no ha podido en treinta años desarmar a un milicia que es Hezbollah, que tiene su estructura militar y que peleó una guerra en 2006 con el Estado de Israel. Un Estado débil genera mucho espacio para corrupción, para desidia y aparecen ‘errores’ de este tipo. Ese material, que nunca debería haber estado guardado en un ámbito urbano, de pronto estaba allí. ¿Por qué? Porque nadie se hace cargo. Una especie de ‘Navaja de Ockham’, el principio metodológico y filosófico según el cual la explicación más sencilla suele ser la más probable”, dice.

IVANA VILLADA - Argentina en Beirut
Desde la terraza de la casa de Ivana podía verse el puerto. Antes del martes 4 de agosto de 2020, esa vista le parecía tan hermosa que había hecho un cuadro con una foto. Ahora esa imagen le trae el peor de los recuerdos (@ivanavillada)

El lunes 10 de agosto, Ivana Villada dejó Beirut. Cuando tomó el avión a Francia sintió mucha culpa. “Lloré por lo vivido y por los recuerdos que dejé ahí”, dice sentada en un café de París, a una semana de su partida.

“A pesar de que extraño ese mar, extraño esos bosques y extraño a mis amigos, por ahora no quiero volver. Es la primera vez en la vida que digo: ‘No quiero volver’. Me quedo infinitamente preocupada por los que están allá, porque estamos todos realmente tocados de la cabeza después de todo esto”, se despide Ivana.

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