Los “inventos” de Julio Grondona para que no perdieran en el escritorio ni River ni Boca y salvar a Diego Maradona de una sanción de por vida

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Julio Grondona - maradona - ramon diaz

El grito esdrújulo de las tribunas ocupaba la anchura emocional de aquella noche.

El miércoles 13 de noviembre de 1996 la ciudad de Corrientes le había deslizado un telón a su calma para disfrutar del esperado partido entre el Huracán local contra un River lleno de estrellas, ganador de la Libertadores dirigido por Ramón Díaz. A esa altura, la 14ª fecha, la vendimia riverplatense también lo registraba como puntero de ese Torneo Apertura con 28 puntos seguido por Lanús con 26 e Independiente con 22, Huracán de Corrientes en cambio luchaba por mantenerse en primera pero su promedio de 0.750 era cuasi condenatorio aunque le faltaban jugar aún seis fechas incluyendo a River.

Benditas sean las asimetrías del fútbol argentino que compensan con las vocinglerías de sus tribunas las crueles desigualdades desnudadas en los campos de juego.

En cambio a la hora de alentar, los hinchas de Huracán de Corrientes exhibiendo torsos y abdómenes sudados no dejaban de aturdir con bombos, trompetas, redoblantes y petardos. La ilusión los igualaba con River aunque la imperceptible frontera entre la euforia y la agresión resultaba cada vez más vulnerable…

Todo pasó en menos de media hora; el partido ya iba 1-1 con goles de Oscar Alsina a los 20′ para el equipo correntino y de Marcelo Escudero para River a los 23′. Apenas tres minutos después se vio caer a Tito Bonano en momentos en que Juampi Sorín corría apareado al uruguayo Lujambio sin poder evitar el gol, el segundo de Huracán, pero con Bonano en el piso. El arquero permanecía inmóvil y tomándose la cabeza desde el momento en el cual se había iniciado el contragolpe casi en la mitad de la cancha.

Fue así que el árbitro Javier Castrilli quien venía acompañando la jugada desde muy cerca y por detrás de los jugadores, señaló la mitad de la cancha en señal inequívoca de la validez del gol. Tras esa controvertida situación el partido se ponía favorable para el equipo correntino por 2 a 1.

Fue el Toto Berizzo el primer jugador que le advirtió a Castrilli que Tito Bonano había recibido un proyectil y por eso no pudo seguir la jugada. Después se arrimaron a reclamar el Negro Astrada, Hernán Díaz, la Bruja Berti y el Burrito Ortega mientras que el Mencho Medina Bello, el Jardinero Cruz y Celso Ayala parlamentaban con el juez de línea. No había nada que hacer: el referí marcó la mitad del campo de juego, era gol.

Mientras la cancha se transformaba en un pandemónium con jugadores, policías, dirigentes, periodistas y fotógrafos, Castrilli, quien también había sido temprana víctima de un proyectil al que ignoró para no victimizarse, intentó sabiamente aplacar la ira de unos y otros repitiéndole a todos: “Si Bonano llega a tener alguna lesión el partido se suspende…”. Y puesto que unos minutos después se vio la herida cortante –cuatro puntos de sutura– el árbitro suspendió el encuentro con el resultado 2-1.

El proyectil a Bonano en River vs. Huracán Corrientes (Infobae)

Se supo después que lo que había herido a Bonano había sido una pila Eveready D2, (la más pesada y de mayor volumen) arrojada desde la tribuna local, detrás del arco. Y la suspensión del encuentro dejaba tres hipótesis: a) se daba por perdido el encuentro a Huracán de Corrientes por agresión a un protagonista; b) se convalidaba el gol y se jugaban los 64′ minutos pendientes con el resultado de 2-1 y c) se anulaba el tanto y se proseguía con el resultado 1-1 sin que ninguna de estas variantes eximiera la clausura del estadio. Todo pasaría a depender del dictamen del Tribunal de Disciplina de la AFA.

En los días sucesivos se ejerció una presión continua sobre Julio Humberto Grondona, presidente de la AFA. El entonces Senador (ex gobernador de Corrientes) y entrañable amigo de Grondona y del fútbol Pocho Romero Feris “constituyó prácticamente su despacho” en la AFA para pedir que al club ahora presidido por su hijo Juan Romero Brisco se le diera por ganado el encuentro sin sanciones para la institución. No dejó de hablar con nadie: desde el portero hasta Grondona –a cada rato– pasando por cada dirigente o funcionario.

A su vez Alfredo Davicce, con un pie en el avión para viajar a Tokio donde River jugaría contra Juventus el 23 de noviembre la final Intercontinental (0-1), exigía todo lo contrario: que se diera por finalizado el match otorgándole los puntos a River.

Frente a esta situación Grondona pidió que alguien hablara con Castrilli para que éste reconsidere su informe (en papel amarillo) y quite el resultado “2-1 para Huracán de Corrientes al momento de la suspensión del encuentro…”. Fue imposible pues Castrilli sostuvo su decisión aun cuando le insistieran que era un “pedido especial” de Don Julio.

Ante la negativa de ese caballero que es Castrilli, quien repetía que el resultado era inmodificable hasta que lo resolviera el Tribunal de Disciplina, el presidente de AFA subió personalmente al 4° piso donde funciona el mencionado Tribunal y preguntó “¿Cómo se puede arreglar tal injusticia?”. La respuesta le resultó decepcionante: “Presidente, si el referí no cambia el resultado en su informe final -y le aseguramos que cuando vino a declarar tratamos de persuadirlo y no hubo forma-, lamentablemente River va perdiendo 2-1…”, le respondió el presidente del Tribunal, Walter Ajolfi, quien le agregó “el tribunal no cambia resultados”.

Antes de seguir golpeando un escritorio, con las venas de su cuello sobresalidas mientras revoleaba papeles, Grondona repreguntó: “¿Nadie puede dar vuelta esto? ¿están seguros…?”. Y cuando ya alcanzaba la puerta para regresar a su oficina, otro miembro balbuceó: “Presidente, esto sólo lo puede modificar una recomendación de la FIFA…”. Grondona se dio vuelta, lo miró con alivio y bajó a su despacho pidiendo que por favor le ubicaran de inmediato a Juan Carlos Loustau, director de la escuela de Árbitros y lo comunicaran con Joao Havelange –presidente de la FIFA– quien se hallaba en Río de Janeiro.

Dos horas después que Loustau formulara la pregunta a la oficina de la International Board y cuando en Zurich eran a las 11 de la noche arribó un misterioso Fax a la AFA que mas o menos decía así: “En respuesta a vuestra pregunta del día de la fecha tenemos el gusto de responderles que hemos visto, estudiado y evaluado minuciosamente la consulta y recomendamos que la jugada que finaliza en gol del equipo local sea invalidada pues nos queda claro que el portero del team visitante fue víctima de una agresión externa que inferiorizó su integridad física previa a dicha acción lo que le impidió intervenir; además, el juego no se reinició moviendo el balón desde la mitad del campo…”.

La firma ológrafa de la misiva de FIFA vía Fax carecía de sello y nunca pudo ser identificada. No obstante, atento a esa instrucción el Tribunal por 8 contra 3 (votaron en disidencia Jorge Antelo, Luis Crisetti y Jorge Galelli) determinó que el partido debía continuar en dos tiempos de 32 minutos cada uno con el resultado 1-1. Ese segmento pendiente se disputó el 20 de diciembre cuando ya River era campeón por tercera vez consecutiva y terminó ganando 2-1 pues Sergio Berti marcó el gol del triunfo; a su vez Huracán de Corrientes –también Banfield– perdieron la categoría.

Al momento de darse a conocer el fallo –justo y aliviador para todos– Don Julio –quien pareció saberlo antes que nadie– dijo en la última reunión del Comité Ejecutivo de 1996 mirando a sus miembros y especialmente a Davicce y a Romero Brisco: “Se lo digo a todos, no me jodan más con estas chicanas, basta de reclamar puntos o llorar para que le saquen puntos al otro, basta de pedir que los dirija tal o cual referí… Déjenme de hinchar las pelotas, los partidos se ganan en la cancha… Felicitaciones a River por el campeonato. Feliz Navidad”.

Al año siguiente al entonces presidente de la AFA le tocó vivir una presión aún más intensa de la que fueron protagonistas Boca, River y Maradona.

Tal situación comenzó el 24 de agosto de 1997 tras disputarse la primera fecha del Torneo Apertura. Ese día Boca Juniors le ganó 4 a 2 a Argentinos Juniors. Sin embrago, cinco días después de ese triunfo Albino Bemposta –presidente de la comisión de Antidoping de la AFA– le anticipó al presidente que Diego Armando Maradona había dado positivo en el control antidoping posterior a tal encuentro. Grondona, de inmediato se lo comunicó a su amigo Pedro Pompilio, vicepresidente de Boca, para que el club tomara conocimiento y procediera en consecuencia.

Fue así como el lunes 3 de septiembre de 1997 ocurrieron dos hechos:

A) Guillermo Coppola, apoderado de Maradona se presentó en el Juzgado Criminal y Correccional N° 11 a cargo del Juez Claudio Bonadio –quien falleciera el 4 de febrero de este año– y le solicitó una “medida cautelar” en la cual denuncia que a Diego le pusieron una sustancia en la comida y “teme -dice el escrito- que esa ingesta pudiera provocarle futuras consecuencias legales”. Fue por ello que el juez le concedió la medida cautelar por 14 días durante los cuales Maradona podía llevar a cabo su actividad profesional.

B) A las 20.23 de ese día en la sede de la AFA y frente a la prensa Albino Bemposta anunció oficialmente. el doping positivo de Diego.

Maradona anunció su retiro del fútbol el 30 de octubre de 1997
Maradona anunció su retiro del fútbol el 30 de octubre de 1997

Sería ésta la tercera vez que tal situación ocurría ya que pesaban sobre Diego dos controles antidopaje positivos: el primero fue en el año 1991 jugando para el Napoli después de un encuentro contra el Bari y el segundo en el controvertido suceso de 1994 durante el Mundial de los Estados Unidos.

Las leyes de disciplina de entonces –hoy modificadas– obligaban a suspender taxativamente de por vida al actor tanto para jugar, dirigir o ser dirigente (Diego) al consumarse la reincidencia por tercera vez; ello también significaba la pérdida del partido y el descuento de otros 3 puntos a su club (Boca Juniors).

El Tribunal de Disciplina como procedimiento de rutina citó a Diego para que hiciera su descargo pero su representante Guillermo Coppola les dijo que Maradona –cuyos abogados pertenecían al estudio de Luis Moreno Ocampo y Hugo Wortman Jofré– iría a declarar una vez que la Justicia se expidiera.

Fue entonces cuando se produjeron 5 situaciones simultáneas de alta presión sobre Grondona:

Mauricio Macri, presidente de Boca, exigía que si la contraprueba confirmaba el doping sancionaran a Diego pero no al club.

Alfredo Davicce, presidente de River, clamaba para que a Boca le quitaran 6 puntos: los del triunfo ante Argentinos y los de la sanción del Tribunal según la ley de la época.

Los abogados de Diego pedían prórrogas de la cautelar cada dos semanas y el juez Bonadio se las concedía.

El Tribunal no podía expedirse pues Maradona jugaba por orden de un Juez Federal.

El Asesor Letrado de la AFA, el prestigioso doctor Agricol de Bianchetti –un gentleman– presentaba cada dos semanas escritos en el juzgado de Bonadio para la caducidad de la cautelar otorgada a Diego y así poderlo sancionar.

Cada una de estas partes le taladraba la cabeza a Don Julio a toda hora, todos los días intentando direccionar sus intereses. Y esos protagonistas eran nada menos que sus vicepresidentes Davicce (River), Pompilio (Boca), Agricol de Bianchetti (abogado) y el Tribunal de Disciplina de la AFA.

La respuesta de Grondona fue no mover un dedo para que el expediente avanzara; por el contrario permitió que Diego siguiera jugando. Para ello contaba con la recomendación de su amigo más cercano del Tribunal quien le ofreció ante “el principio de la duda razonable” aplicar la “Ley Benedetti” (diputado radical) que establecía sancionar al jugador y no al club con la quita de puntos.

El asunto era que esa ley –la 24.819/97– aún no estaba reglamentada pero frente a cualquier contingencia, Grondona se tenía fe para hacerla valer anticipadamente. De esta manera evitaría que le descontaran puntos a Boca y al mismo tiempo seguiría tratando en la justicia el caso del jugador pues estaba claro que Grondona no quería que a Diego lo inhabilitaran de por vida.

El último partido de Diego Maradona en Boca (Infobae)

Dos meses después del doping, el sábado 25 de octubre de 1997 jugaron River y Boca en el Monumental con Diego en la cancha, quien antes del encuentro fue a saludar a Ramón Diaz poniendo fin a una polémica que había generado los debates de la semana. Ese clásico, jugado ante 60.000 personas bajo una fastidiosa llovizna, terminó ganándolo Boca por 2 a 1 con un cabezazo del “platinado” Palermo. Fue una jugada en la cual al Mono Burgos lo cortinó lícitamente la espalda del Patrón Bermúdez y Astrada no pudo llegar a tiempo para salvar el gol sobre la raya toda vez que el balón ingresó después de un pique fatal. Ese clásico comenzó ganándolo River con un zurdazo cruzado de la Bruja Berti en la medialuna del área y lo igualó el Huevo Toresani pegándole con tres dedos después de un estupendo pase de Latorre.

En el segundo tiempo, Veira produjo dos cambios “codificados”: el pibe Riquelme por Nelson Vivas y Caniggia por Diego. En realidad era Riquelme por Diego y Caniggia por Vivas pero el Bambino quiso evitar que se diga que Román –quien la rompió– reemplazaba a Diego. Sin embargo, fue así y por mucho tiempo pues aquel clásico marcaría el final de Diego en el fútbol.

Esa tarde en la cual River (22 puntos) había sido superior, Boca (24 puntos) pasaba a ser el puntero del Campeonato. Sin darnos cuenta habíamos asistido a un día histórico sin que ninguna campana doblara por el adiós a las canchas del más grande.

El martes 28 de Octubre la AFA era una hoguera: Davicce seguía protestando y quería los puntos por la “indebida” inclusión de Diego; a su vez Pompilio insistía en que por favor no se le hiciera lugar a ningún pedido; Coppola acercaba la prórroga de la cautelar firmada por Bonadio y Agricol de Bianchetti pedía autorización al Presidente para presentar un “pronto despacho” en el Juzgado a fin de que el magistrado se expidiera lo antes posible.

Fue así que Grondona, según su propio relato muchos años después, le gritó al entonces presidente de River:

–Vos, Afredo querido, que me rompiste las pelotas el año pasado para seguir el partido en Corrientes porque se te acercaban Independiente y Lanús en la tabla y vivís quejándote, dejate de joder con Diego. El campeonato pasado me volviste loco con que los puntos se ganan en la cancha, yo estoy de acuerdo con eso y ahora porque Boca te ganó y te pasó en la tabla me venís a llorar, a que le saque puntos… Dejate de joder, andá a llorar a la Iglesia…

Ese año, 1997, River ganó su tercer Torneo consecutivo aventajando a Boca por un punto.

Un año después de este altercado, promediando el 1998, Grondona tuvo una reunión con su asesor letrado, el doctor Agricol de Bianchetti –fallecido el 7-10-2002– quien había ingresado a la AFA en 1959. El prestigioso abogado quería instrucciones del Presidente para saber cómo acelerar ante Bonadio la causa Maradona ya que estaba pendiente la sanción de por vida.

Julio Grondona

Al término de esa reunión que fue breve y a solas, el doctor Agricol de Bianchetti subió con el ascensor privado al 5° piso del edificio de la AFA, donde funciona el Tribunal de Disciplina. Tan impecable como siempre luciendo un traje de lana virgen italiana 180′ color azul, camisa de blanca seda con gemelos labrados y traba de cuello de oro sobre una corbata de tenue rojo, su calzado mocasín hecho a mano con hebilla dorada, el cabello cano prolijamente inmóvil por un imperceptible spray, las cuidadas uñas recién cortadas con discreto brillo, el marco de sus finos anteojos envolviendo suavemente las patillas al ras y dejando tras de si la fragancia de un perfume de Dior, dijo con intencionada ironía y aproximada textualidad:

–Señores miembros del Tribunal vengo a comunicarles dos puntos que acabo de consultarle al señor Presidente de esta casa respecto del caso Maradona y si él creía oportuno y necesario que, habiendo transcurrido más de un año del hecho acaecido, yo en mi carácter de asesor letrado de la AFA presentara un nuevo pronto despacho en el juzgado de Su Señoría, el doctor Claudio Bonadio. Mi dicente, el señor Julio Grondona me respondió dos puntos: ‘váyase a la c…a de su hermana y déjeme de joder con ese asunto, a Maradona no me lo toque, déjeme el expediente aquí que yo me ocuparé y hágame el favor no me rompan más los huevos con ese tema’. Es por esta razón señores miembros del Tribunal –continúo el doctor Agricol de Bianchetti con deliberada sorna– que el caso no será activado por esta institución y de ser necesario ruégoles le soliciten el expediente al señor Presidente de la casa. Muchas gracias, muy buenas tardes.

Y se fue a su oficina con paso sereno y mirada altiva.

El juez Bonadio falleció en el último febrero sin haberse expedido durante 23 años respecto de una cautelar que firmó en 1997 por 14 días.

Grondona le devolvió el expediente sobre el caso Maradona al Tribunal de Disciplina en el 2008 cuando ya la causa había prescripto y lo dejó en las manos de su amigo más cercano y confiable con un papelito amarillo adherido que decía: “No tocar al Diez”.

El expediente enmohecido, ilegible y quejoso con el papelito adherido descansa su histórico testimonio en una caja fuerte.

Los partidos se ganan en la cancha…

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